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A Dose of Music

RevarteColectiva · June 19, 2023 · Leave a Comment

Debasish Mridha states, “Music can heal the wounds that medicine cannot touch.” Whether or not we know it in the moment, music helps us in many ways. It is there for us on the tough days, where all we want to do is lay in bed, and on the good days, where we have enough energy to accomplish all our goals. We use music as a way destress, focus, and express ourselves. Whenever we need it, we can always rely on music to fall back on. Many teenagers and young adults are very connected to their music. They feel it has a lot of power in their lives and helps them connect with others and their selves. 

Music is beneficial to all of us, especially when handling our stress. Stress often makes us feel overwhelmed and anxious. Because of schoolwork, socializing, and life at home, teenagers are usually prone to this feeling of pressure. 

Omar Yañez, a 16-year-old high school student and student at CCATE, agrees with this idea. “Music helps with stress and calming myself down sometimes.” Many teenagers at CCATE use music to destress and calm their anxiety when they are feeling overwhelmed. 

One of the other advantages of music is that it gives us a way to express ourselves. Listening to different types of music shows our individuality, and how we are distinct from others. Music also helps us understand how we are feeling and helps us express that emotion. 

14-year-old Valeria Ledesma Lugo explains this thought. “I feel like even if it’s just a song I feel like they [the artists] open up a lot to put their business out there and all their feelings out there. So, when I hear their music it’s like I can put my feelings out there too.” Putting your feelings out there is an important step of opening up to others, which helps you express yourself more easily. Finding the courage to open up can be found within the lyrics or the melody of a song no matter what emotion you are feeling.

Music can help us with our emotions on the inside, but it is also helpful with physical tasks as well. Working through your feelings is important, but as are the things we do in daily life as well. Things can get tiring after repeating the same jobs every day, and music can help us with that too. Listening to music can help us focus on these chores, keeping our minds on task working hard without getting distracted. 

CCATE teenager Alison Calderon says that music helps her with a lot of her work, making the work seem less burdening. “I think music affects mental health by helping it, because there are a lot of songs or a lot of lyrics that give me perspective on how to think about things.” Many teenagers use music in the same way when doing their schoolwork and other chores. Using music to focus and calm your mind can help you get many things done. 

These songs and lyrics are part of daily life, and help many people get through the day. Music has so many benefits that we are able to take advantage of. It helps us unwind, focus, communicate our emotions, and so many other things that most people don’t think of when listening to music. Even without knowing it, music scientifically improves our mood affecting neurotransmitters that affect our mood. Sometimes, the best way to feel our best is to turn on our favorite song.

Louisa Sandorff

Louisa Sandorff is a 15-year-old high school freshman at Conestoga High School, and member of CCATE.

    Struck

    RevarteColectiva · June 19, 2023 · Leave a Comment

    by Alison Calderón-López

    The lightning struck me far more than it struck you.

    Do I cross your mind? 

    Or do I take over it like you do to mine?

    Do you believe 100% that you’ll see me when You turn a corner? 

    Everytime I walk anywhere I believe with One-hundred percent certainty that you’ll be There, standing right in front of me.

    That’s my problem. 

    I believe. 

    A blessing & a curse. 

    You’re in everything,

    E v e r y t h i n g. 

    You are my everything. 

    Am I in everything? 

    Am I your everything too? 

    I am starstruck.

    Love struck. 

    I believe that you were never struck at all. 

    Now I know with one-hundred percent certainty that only I Have been struck by lightning.

    Alison Calderón-López

    Alison is 13 years old and a student at the Centro de Cultura Arte Trabajo y Educacion.

    Selected Works by Alison Calderón-López:
    The Numbers Change
    Me, the Writer
    I Saw A Star

      Un jardín secreto

      RevarteColectiva · June 19, 2023 · Leave a Comment

      Por Abel Hernández Ulloa (Fotografía por Obed Arango)

      Caminando por el cotidiano trajín de las calles empedradas me he perdido entre zigzagueantes y estrechos callejones… y al querer encontrar un camino, he subido por uno de esos callejones que gradualmente se hacía más y más angosto… parecía haber salido de un cuento pues conforme avanzaba se iba haciendo cada vez más diminuto. Sí, parecía que el camino era el que se movía debajo de mis pies y me conducía veloz hacia su cúspide, misma que se escondía de mi vista por el serpenteo de la subida. De pronto, como cuando en medio de una angustia se ilumina nuestro corazón, porque ha llegado al rescate un amigo para abrazarnos con su mirada, así exactamente, ¡de pronto! se iluminó el sendero porque un jardín se extendía majestuoso a un costado de aquella subida interminable… un hermoso pasto verde se derramaba y extendía por debajo de una frondosa jacaranda que presumía de su elegancia, moviéndose al compás del viento y desplegando un sofisticado juego de luces y de sombras que hacían aparecer multicolor a aquel pasto que brillaba, como encantado, en esa danza interminable del sol presente y ausente, de claro-obscuros…

      Los bordes del jardín tenían flores que ofrecían a la vista el aroma de sus colores y el olfato se embriagaba por la fascinación de los múltiples colores de su aroma… al final del jardín, en el rincón de su lado izquierdo, una pequeña construcción de madera y de techo a dos aguas, sutilmente parecía invitar al caminante, a mí, hacia ella… con su puerta entreabierta y teniendo por delante un diminuto camino de piedras que de modo juguetón, quizá tan sólo por remedo caprichoso y burlón de las curvas estrechas de los callejones, zigzagueaba ociosamente por el jardín hasta alcanzar el camino en el que me encontraba. No pude evitarlo y caminé, crucé el jardín, sentí cómo la sombra de la jacaranda se desparramaba sobre mis pasos… el sol jugaba matizando los colores de mi ropa con diferentes tonalidades al escurrirse entre aquellas sombras… las flores me asediaban doblemente con su aroma y sus colores hasta que llegué al quicio de la puerta, la empujé y entré…

      Al entrar se iluminó la penumbra con la luz que se coló a través de la puerta abierta, pero también descubrí un ventanal del lado derecho y una pequeña ventana del lado izquierdo. La habitación estaba casi totalmente vacía pero un aroma de incienso la revestía de un carácter místico… Había algunos cuadros con imágenes de paisajes muy hermosos y tuve la impresión de que el mundo había sido invitado a esa habitación pues tanto dunas desérticas, mares y montañas mostraban su esplendor… al igual que imágenes de distintas culturas… Olmeca, Maya, Griega, Egipcia… cuadros religiosos con motivos tanto cristianos como judíos, musulmanes, budistas, etcétera. En un rincón un pequeño secreter con una silla parecía estarme esperando con un libro abierto y a su lado una pluma fuente y papel en blanco… de modo irresistible me acerqué y miré hacia el libro abierto.

      “El universo se está tratando de hacer un espacio dentro de ti…”

      Esa era la única frase que aparecía en medio de la primera página del libro que se abría ante mí. Y entonces sentí que la tierra toda se hacía presente a través de las imágenes de las montañas, de los desiertos, de los mares y también de las imágenes de las culturas que me rodeaban… incas, hindúes, chinos… y entonces observé que entre los motivos religiosos de la cruz, de la estrella de David, de un Buda, se mostraban también pinturas de diversos periodos: medievales, renacentistas, impresionistas, surrealistas… una réplica del “Cuarto” de van Gogh y otra de la “Improvisación 31 (Batalla en el Mar)” de Kandinsky capturaron mi atención y me arrancaron de la certeza del recorrido previo por los callejones y por el camino de piedras de ese maravilloso jardín en el que se encontraba el cuarto en donde ahora me ubicaba… pero más allá de las coordenadas espaciales y temporales era la certeza de esos colores y su ímpetu vital lo que me hacía vibrar y colmaban de significado en ese momento… fue así, que sintiendo una alegría infinita en la contemplación serena y lúdica de esos cuadros, que de pronto sentí que toda la geografía del mundo, toda su historia, toda su belleza me llegaba de modo súbito y entonces sentí que efectivamente lo infinito del universo, de algún modo, se iba abriendo espacio dentro de mí… sentí entonces la necesidad de dar vuelta a esa primera hoja del libro…

      La segunda hoja me pareció completamente blanca… estaba vacía pero mi mirada insistía en observarla y de pronto comenzaron a emerger palabras… eran palabras conocidas, pues las había contemplado en la lápida de mi primo Alfredo Hatchett, un lider estudiantil en los años setentas y quien fue asesinado por mantenerse firme a sus ideales… sin embargo esas palabras cobraban un mayor sentido en medio de mi experiencia en este jardín, las palabras emergían y parecían iluminar toda la página, todo el libro, todo el cuarto, todo el jardín:

      “Vivir el presente sin que haga mella en ningún momento el pasado y sin pensar dramáticamente en el futuro; pues lo cierto es que se tiene que vivir para disfrutar. Y sentir que se está viviendo para algo y ese algo se satisface logrando lo que se desea y si no se lograse y la vida se fuese acabando moriríamos con la felicidad de haber vivido disfrutando.”

      Sentí que en esas ideas se encontraba el sentido más profundo para disfrutar plenamente de la vida… el secreto para vivir plenamente toda la vida… pues así cada instante tenía su propia y exclusiva dimensión y habría de librarse de las ataduras del pasado y del futuro…

      Al despertar de las pocas horas en que había dormido… pero en las cuales había tenido ese maravilloso sueño del jardín secreto, mi hija Sofía me observó y me dijo: “Papi, ¿sabes qué hay en esas bolsitas debajo de tus ojos (refiriéndose a las ojeras)?” Respondí que no. Y entonces me dijo: “Son los sueños que aún no has soñado”. Y entonces me alegré por todos los sueños posibles… por la infinidad de nuevos jardines secretos por descubrir, tanto en este mundo como en el mundo de los sueños.

      Abel y su hija Sofia

      Abel Rubén Hernandez Ulloa, PhD

      Trabajó como Research Fellow en Lancaster University. Profesor-Investigador en la Universidad de Guanajuato.

      Abel es filosofo de la educación, y economista, ha sido profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Tec de Monterrey Campus Ciudad de México, y actualmente es profesor investigador en la Universidad de Guanajuato. Abel lidera diversas iniciativas nacionales e internacionales para la transformación y justicia social desde la educación.

        La Moneda (V)

        RevarteColectiva · June 19, 2023 · Leave a Comment

        por Obed Arango Hisijara

        Un peso del Emperador Maximiliano

        CAPÍTULO V

        Miró la moneda la puso sobre su dedo, qué raro no era ya una pluma en el viento, tenía peso y podía sentir la textura de la misma, quizá habría que limpiarla, pensó Don Porfirio. El General Porfirio Diaz llevaba tan solo algunos días de viudo y pasó las manos por la sabanas de seda, y se imagino hacer el amor a su emperatriz, Carlota no merecía al señorito de Maximiliano, ella merecía a alguien como él, un verdadero gobernante. Porfirio Díaz tuvo que afirmar su virilidad en una mujer joven 34 años menor que él, Carmelita Romero Rubio, hija del ideólogo reformista, y ahijada del gran Miguel Lerdo de Tejada. Pero ni quien fuera su suegro, ni el gran Miguel tuvieron los bríos de él, las ideas sí, pero los brios no. Díaz se imaginaba montar a una yegua en esa cama, ella sobre sus rodillas y codos, mientras el pene de él crecia y buscaba abrir el cerrojo de su sexo con arremetidas por detrás, sus manos en la cintura de ella, y ella con gemidos, con gritos, él con sus manos fuertes y calludas de tanto tomar las riendas, montaba a Carmelita en la cama de Carlota. ¿Cómo sería hacerle el amor a una emperatriz? Carlota venía a los sueños de Diaz todo el tiempo en sus delirios de poder y de sexo. 

        Díaz tenía necesidad de ser el hombre más viril de México, la verga que todas las mujeres desearan, una verga dura y gruesa que ellas sintieran cuando las penetrara. Si él hubiera podido caminar desnudo para que los súbditos alabaran su sexo, lo hubiera hecho, pero no podía confiar en nadie, solo en las palabras de Carmelita, que siendo joven lo alababa, le era fiel, y le acariciaba el sexo como nadie lo había hecho. Carmelita traería el lado amable de su dictadura, siguiendo los pasos de Carlota, Carmelita se acercó al pueblo, fundó la Casa de las Obreras, con las esposas de los miembros del gabinete y de los gobernadores crearía iniciativas de caridad, sin saberlo Carmelita marcaba el camino de las consortes de los presidentes de México: ser la primera dama, esas primeras damas dóciles, bellas, inalcanzables, listas para satisfacer al presidente y para endulzar a la republica, afirmadoras del machismo, y precursoras del marianismo. La presidencia desde los tiempos de Díaz quedó negada para las mujeres. Para Díaz fue la afirmación en el poder como un hombre fuerte, duro y deseable. 

        Cada vez que Carmelita y Don Porfirio hicieron el amor en esa cama imperial, él miraba la techumbre exhausto y se sabía un rey. Mientras tanto en su patria el dinero fluía, pero no para todos. Diaz afianzado en la silla, invitó a empresas mineras para explotar las montañas de México ricas en metales preciosos, construyó una red ferroviaria que agilizaría el traslado en el país, buscaría fortalecer a las clases urbanas, y desde ahí tener el control, el centralismo como método de la dictadura. Diaz gobernaría con mano dura, a sus opositores los desaparecería o los encarcelaría, su palabra era y debía ser final. Cualquier intento de rebelión era apagado, aplastaba con fuerza excesiva para enviar un mensaje a los rebeldes. ¿Quién se iba a oponer a él? Tan solo Carmelita lo controlaba en la cama, lo tranquilizaba, lo apaciguaba. Ella, joven inteligente e intrépida encabezó varias iniciativas sociales a las que él cedió. 

        El Aguilar imperial

        — Me gusta estar en silencio contigo Ana, porque en silencio nos escuchamos, sentimos nuestras presencias–. Pensaba cuando juntos en su cuarto, en la casita de la calle segunda de Old City, trabajamos nuestras tesis. Yo le haría un café para cuando ella despertara, a mi siempre me ha gustado madrugar, para cuando ella abría los ojos, yo llevaría un par de horas escribiendo. Sus ojitos de luciérnagas verdes despedían ternura, me pedia que pusiera mis manos en su rostro, que la acariciara y le diera un beso. Me abrazaría de la cintura y me diría, “metete un rato a las cobijas conmigo”. No me resistiria. Ahí haríamos el amor de manera quedita, casi en silencio. Dormimos para detener la vida y la existencia, el sol y los planetas. Con el sol en la ventana sin avanzar, decidimos cuando iniciar nuestro día. Con café en mano, ella revisaría sus papeles, nos habiamos propuesto dedicar tres horas a la escritura de la tesis. Cada uno en lo suyo, el silencio como música, las ideas de ella saldrían en murmullos, por momentos ella me haría una pregunta o leería un párrafo para tomar mi opinión, yo haría lo mismo. Entre Ana y yo, no solo había sexo, jugueteo o risa, había muchas otras maneras de amarnos, era un amor intelectual que nos estimulaba, que nos engarzaba, que nos acompañaba. Aprendía yo de ella, y ella aprendía de mi. — somos pareja porque caminamos parejo–. Ella decía. 

        — A mi no me importa Ernesto que tu bisabuelo haya sido una leyenda, el hombre más macho de México, no me impresiona, porque hombres impresionantes de la historia también han corrido por la mia–. Cuando ella hablaba así, yo quedaría en silencio, era mejor no moverse, ni para la izquierda, ni para la derecha, cualquier acto mio, cualquier comentario mio, cualquier replica mia sería puesto en el paredón. Después como si ella supiera lo que pensaba, me diría, — ya puedes decir algo, me impresiona tu sabiduría para saber cuando quedarte en silencio, la mayoría de los hombres se incomodarían, me intentarían domar, controlar o de plano me abandonarían, pero tú no eres así–, remataría con una sonrisa y me ordenaría que la besara debajo del cuello y me señalaría dónde. — ¿Ernesto, crees tú que toda relación sexual es un acto de poder?– me quedaría en silencio. Después de unos segundo ella me repetiría la pregunta y yo le contestaría, — ¿no te has dado cuenta que juntos hemos descubierto nuestros seres? ¿que juntos enfrentamos nuestros miedos y temores? ¿que juntos cuando nos desnudamos nos vemos cómo somos y nos afirmamos porque nos amamos? Entre tu y yo, no hay poder que mande mas que el lenguaje que entendemos que es el de amarnos. Se que esto suena ingenuo y cursi quizá, porque en toda la literatura que leemos nos hacemos criticos del poder, de los sistemas, de la historia, y llegamos a pensar que eso trastoca nuestra esencia, y casi afirmaría que así es, que es inescapable. Pero algo ha sucedido entre nosotros, quizá único, quizá inexistente para muchos, quizá pocos lo hayan vivido, que una relación profunda y viva por el amor dejar el poder a un lado para entregarse plenamente. Pienso ahora que no todo es la insoportable levedad del ser de Kundera. — ella me veía con sus ojos verdes mientras hablaba y al finalizar me abrazaría y diría: –Ernesto, entonces sígueme amando, no me dejes de amar. Y si un dia nos separamos, si alguien me arrebata de ti, vuélveme a pedir que sea tuya, que seamos, no te des por vencido, prometemelo, que aunque te rechace, me buscarás. Y por favor prometeme que no te vas a morir–. Yo se lo prometí. 

        Cuando Ana y yo hacíamos el amor, también nos descargamos de la historia de nuestros antepasados, era como si en la caída de las ropas, la historia se fuera con ella, no importaba quien había sido mi abuelo o su padre, quienes representaban polos opuestos. 

        Cuando terminamos, y nuestros cuerpos descansaban abrazados, ella me hablaría recostada en mi pecho y me diría, — cómo quisiera que este momento fuera eterno, que no terminara, que descarguemos nuestras historias, y que nuestro pasado fuera esta realidad que no existiera. — lo es.– le contestaría, somos eternos, nuestras esencias lo son, y a nosotros preceden grandes amores, lo nuestro habita ya en la eternidad. Y ella haría una pequeña pausa, me daría un beso. Y diría, — sí, tienes razón, en este momento lo es, y no quiero que termine–. 

        Ambos cerramos los ojos y sentiriamos nuestros pechos juntos con un palpitar unido, juntos como un solo ser caeríamos en un sueño profundo, entre nosotros no había control, no era Porfirio y Carmelita, era Ana y Ernesto; era todo un misterio ontológico. 

        Han pasado seis meses, y no hay señales de ti Ana, te desvaneciste, hago mis maletas para Argentina, quizá estes allá, porque mi ser se fue contigo Ana. No se quien soy, no siento nada, es como si caminara sin sentir el piso, comiera sin gusto, viera el cielo sin notar las nubes, soy un espectro. ¿Y la moneda? La moneda sigue ahí en su caja de rape. 

        Obed Arango Hisijara

        Revolucionario

        Obed es mexicano, revolucionario, ciudadano de la América Latina, artista visual y antropólogo. Director de CCATE y profesor de la Universidad de Pennsylvania.

          La máquina de coser de mamá

          RevarteColectiva · June 19, 2023 · Leave a Comment

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          II. CAPÍTULO UNO. La fuerza de una promesa.

          Rodri era un niño flaquito de grandes ojos negros, con mirada tierna y muy enfermizo, por tanto, había que cuidarlo mucho. A pesar de su condición, era un niño muy alegre y hasta travieso, pero siempre obedecía a sus papás, bueno, casi siempre.

          Hasta ese momento, él no había tenido una fiesta de cumpleaños que pudiera disfrutar de verdad. Cuando él cumplió un año, su tío Boni, el hermano más joven de su papá le había comprado un pastel de tres pisos y un trajecito color rojo con el que se veía adorable. Pero de ese festejo obviamente no tenía memoria porque era un bebé, sin embargo, sus papás conservaron algunas fotos para recordar ese momento.

          Los dinosaurios eran los juguetes favoritos de Rodri. Y, por aquel entonces, hacía poco que Burger Boy, el restaurante de moda de comida rápida había lanzado su nueva línea de hamburguesas con la temática de dinosaurios: la Unifante (con una pieza de carne), la Brontodoble (con dos piezas de carne) y la Dinotriple (con una torre de tres piezas de carne). Rodri, soñaba con algún día poder ir a comer a ese lugar, pedir una de esas deliciosas hamburguesas y acompañarla con una deliciosa malteada de vainilla. ¡Oh sí, lo máximo para un pequeño niño, y para algunos adultos también!, no obstante, el precio no era muy accesible para una familia que apenas había alcanzado a ser clase media.

          Al acercarse la fecha de aniversario de su pequeño hijo, Kate y su esposo, decidieron llevarlo a ese lugar especial como regalo de cumpleaños, de esa forma lo harían sentir mejor de sus dolencias, y pasar un rato inolvidable con toda la familia. Cuando Rodri se enteró, saltó de alegría, sus grandes ojos se hicieron más grandes, estaba muy contento. No dejaba de decir lo emocionado que estaba, decía que tenía que pensar muy bien qué hamburguesa debía pedir, e imaginaba todo lo que le pondría: mostaza, cátsup, chilitos en vinagre, y luego… más mostaza y más cátsup. ¡Estaba feliz!

          Con el dinero que Kate obtuviera de la confección de esos vestiditos, ayudaría a cumplir el deseo de cumpleaños del pequeño Rodri, sin embargo, el tiempo avanzaba, y el día se acercaba a la media noche. Kate comenzó a intentar reparar la máquina, pero no sabía cómo, no tenía idea de qué hacer, pero procuraba no caer en desesperación. Además, Rose se veía cansada. La niña le ayudaba a su mamá a pegar botones a las blusitas ya hechas, a veces a bordar los baberos de aquellos vestiditos, y casi siempre a deshebrar las piezas terminadas, es decir, quitar los hilos sobrantes de la costura para que los vestiditos lucieran impecables.

          Kate se reusaba a fallarle a Rodri, y darle una explicación para no ir a festejar su cumpleaños. ¿Cómo decirle que, tal vez ese no era el mejor día para ir, o que tal vez estaría lleno de gente, o que tal vez los cocineros se enfermaron y no habría hamburguesas? Tendría que idear una excusa de proporciones épicas, la nunca mejor contada antes. ¡No!, ¿cómo pensar en la cara de decepción del niño? Definitivamente eso no podía pasar. Así que, era imprescindible que los vestiditos quedaran listos, y hacer la entrega a mediodía del domingo, sí o sí. La opción de no entregarlos no era opción. No cumplir con lo prometido no era una opción. Rendirse no era opción.

          Kate le pidió a Rose que dejara de pegar botones y se fuera a dormir. Rose no quiso soltar la tela y la aguja, y aunque debía obedecer a su mamá, se resistía a dejarla sola. Al ver la mirada de su hija, Kate aceptó su ayuda, la cual honestamente necesitaba.

          La madre le pidió a su hija esperar, y fue en busca de la caja de herramientas de su esposo, una gran y pesada caja de metal, la cual arrastró hacia la habitación donde estaba la máquina de coser. Rose miró con curiosidad aquella fea caja; miraba con atención todo lo que su mamá iba descubriendo en su interior, como un tesoro perdido o como si se tratara de la caja de despensa que el entonces Departamento del Distrito Federal ofrecía a las familias chilangas, mes tras mes. Pero en esta ocasión, no esperaría con entusiasmo ver salir el litro de aceite, el tarro de café, las cajitas para preparar gelatinas y hot cakes, la mermelada de membrillo, ni las anheladas galletas Marías.

          Dentro de aquella caja se encontraban clavos, tornillos, tuercas, algunos oxidados y otros no tanto. A aquellas piezas, le acompañaban dos llaves de tuercas, una llave Stillson, dos pinzas pico de loro, una grande y una chica, un martillo sencillo, un pequeño taladro y varios desarmadores de diferentes tamaños. “¿Para qué se usan estas tantas cosas?”, se preguntaba Kate. Ella sigue mirando qué más hay dentro de la caja. Al mismo tiempo que va formando las herramientas por tamaños en el piso, Kate frunce el ceño con evidente extrañeza y preocupación. El ruido de las herramientas se confundía con el cada vez más escaso ruido de la calle ocasionado por el pasar de autos, y sobre todo de los ruidosos “chimecos” y “ballenas”, camiones viejos que transportaban a los usuarios hasta el metro Zaragoza.

          La casa de la familia se ubicaba casi en la esquina que formaban la calle Malintzin, y la popular avenida Pantitlán, una de las principales vías para entrar al Estado de México desde el llamado Distrito Federal (D.F.), o “el defectuoso”, o “la capirucha”, o “chilangolandia”, y desde 2016, conocido simplemente como Ciudad de México (CDMX). Durante la Copa Mundial de Futbol de 1986, esta vía se vistió de gala cuando vio pasar a las selecciones de Escocia y Dinamarca mientras se dirigían a sus partidos en el popular Estadio Neza 86, en Ciudad Nezahualcóyotl. Esta avenida siempre se ha caracterizado por el intenso tránsito vehicular. Hoy, además de los autos particulares, pasan miles de “peseras o colectivos” (camioncitos), combis, taxis, motocicletas, así como diferente transporte pesado como camiones de redilas, de volteo y tráileres, los cuales, a su paso, aun hacen temblar el piso y la colonia entera. Pero Kate, al igual que sus vecinos se acostumbraron a este ambiente.

          El ruido de aquellos motores por la avenida también marcaba el curso del día, el cual iniciaba desde las cuatro o cinco de la mañana, se relajaba como a medio día y durante la tarde volvía el caos, pero ahora en la otra dirección. Al avanzar la noche, el tráfico era menos abundante y el silencio más aparente lo que le indicaba a Kate que debía apresurarse.

          Como si se tratara de una intervención quirúrgica, aquella habitación donde se encontraba la máquina de coser se convirtió de pronto en un auténtico quirófano. Rose, arriba de una silla, sostenía con una mano la base de un foco unido a una extensión que mantenía con la otra mano, lo cual permitía alumbrar la escena. Y ya con toda la herramienta expuesta en el piso, ambas se dispusieron a intervenir a aquella máquina. “¡Muy bien, aquí vamos!”, exclamó Kate con una voz nerviosa.

          La mujer temía destruir su máquina de coser y con ello las ilusiones de su hijo, sin embargo, esto no la detuvo, se persignó y con determinación se puso manos a la obra.

          II. CHAPTER ONE. The strength of a promise

          Mom’s sewing machine

          Rodri was a skinny boy with big black eyes, with a tender look and very sickly, therefore, he had to be taken care of a lot. Despite his condition, he was a very happy and even mischievous child, but he always obeyed his parents, well, almost always.

          Until that moment, he hadn’t had a birthday party that he could truly enjoy. When he was one year old, his uncle Boni, his father’s younger brother, had bought him a three-story cake and a little red suit in which he looked adorable. But he obviously had no memory of that celebration because he was a baby, however, his parents kept some photos to remember that moment.

          Dinosaurs were Rodri’s favorite toys. And, at that time, Burger Boy, the trendy fast-food restaurant, had recently launched its new line of dinosaur-themed burgers: the Unifante (with one piece of meat), the Brontodoble (with two pieces of meat) and the Dinotriple (with a tower of three pieces of meat). Rodri dreamed of one day being able to go eat at that place, order one of those delicious hamburgers and accompany it with a delicious vanilla milkshake. Oh yes, the best for a small child, and for some adults too! However, the price was not very affordable for a family that had barely reached middle class.

          As their little son’s anniversary date approached, Kate and her husband decided to take him to that special place as a birthday present, that way they would make him feel better about his ailments and spend an unforgettable time with the whole family. When Rodri found out, he jumped for joy, his big eyes got bigger, he was very happy. He kept saying how excited he was, he said he had to really think about what burger to order, and he imagined everything he would put on it: mustard, ketchup, pickled chili peppers, and then… more mustard and more ketchup. He was happy!

          With the money that Kate obtained from making those little dresses, she would help fulfill little Rodri’s birthday wish, however, time was advancing, and the day was approaching midnight. Kate started trying to fix the machine, but she didn’t know how, she had no idea what to do, but she was trying not to despair. Besides, Rose looked tired. The girl helped her mother to sew buttons to the already made blouses, sometimes to embroider the bibs of those little dresses, and almost always to unthread the finished pieces, that is, to remove the excess threads from the seam so that the little dresses would shine impeccable.

          Kate refused to fail Rodri and gave him an explanation for not going to celebrate his birthday. How to tell him that maybe that wasn’t the best day to go, or maybe it would be crowded, or maybe the cooks got sick and there wouldn’t be any burgers? He would have to come up with an excuse of epic proportions, never better told before. No! How can you think of the child’s disappointed face? That definitely couldn’t happen. So, it was essential that the little dresses be ready, and make the delivery at noon on Sunday, yes or yes. The option of not delivering them was not an option. Not fulfilling what was promised was not an option. Giving up was not an option.

          Kate asked Rose to stop buttoning and go to sleep. Rose did not want to let go of the fabric and the needle, and although she had to obey her mother, she was reluctant to leave her alone. Seeing the look on her daughter’s face, Kate accepted her help, which she honestly needed.

          The mother asked her daughter to wait, and went in search of her husband’s toolbox, a large and a heavy metal box, which she dragged into the room where the sewing machine was. Rose looked curiously at that ugly box; she looked carefully at everything her mother was discovering inside her, like a lost treasure or as if it were the pantry box that the then Department of the Federal District offered to Chilango families, month after month. But on this occasion, I would not wait with enthusiasm to see a liter of oil, a coffee jar, some little boxes to prepare jellies and hot cakes, the quince jam, or the long-awaited María biscuits come out.

          Inside that box were nails, screws, nuts, some rusty and others not so much. Those pieces were accompanied by two spanners, a Stillson wrench, two parrot beak pliers, one large and one small, a simple hammer, a small drill, and several screwdrivers of different sizes. “What are these so many things used for?” Kate wondered. She keeps looking at what else is inside the box. Arranging the tools into sizes on the floor, Kate frowns with obvious puzzlement and concern. The noise of the tools was confused with the increasingly low noise from the street caused by passing cars, and especially from the noisy “chimecos” and “ballenas”, old trucks that transported users to the Zaragoza metro.

          The family’s house was located almost on the corner formed by Malintzin Street and the popular Pantitlán Avenue, one of the main roads to enter the State of Mexico from the so-called Federal District (D.F.), or “the defective”, or “la capirucha”, or “chilangolandia”, and since 2016, known simply as Mexico City (CDMX). During the 1986 Soccer World Cup, this road was decked out when it saw the teams of Scotland and Denmark go by as they went to their matches at the popular Neza 86 Stadium, in Ciudad Nezahualcóyotl. This avenue has always been characterized by intense vehicular traffic. Today, in addition to private cars, thousands of “peseras or colectivos” (little buses), vans, taxis, motorcycles pass by, as well as different heavy transport such as semi-trucks, dump trucks and trailers, which, in their wake, still make shake the floor and the entire neighborhood. But Kate, like her neighbors, got used to this environment.

          The noise of those motors along the avenue also marked the course of the day, which began at four or five in the morning, relaxed around noon, and during the afternoon chaos returned, but now in the other direction. As the night wore on, the traffic was less heavy and the silence more apparent, telling Kate that she should hurry.

          As if it were a surgical intervention, that room where the sewing machine was located suddenly became a real operating room. Rose, on top of a chair, held with one hand the base of a spotlight attached to an extension that she held with the other hand, which allowed the scene to be illuminated. And with all the tools exposed on the floor, they both set out to intervene in that machine. “Okay, here we go!” Kate exclaimed in a nervous voice.

          The woman was afraid of destroying her sewing machine and with it her son’s illusions, however, this did not stop her, she crossed herself and with determination got down to work.

          Rosalba Esquivel Cote

          Rosalba es mujer, mexicana, microbióloga, maestra, aprendiz, y artivista. “¡Deja que tus gritos se lean!”

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