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Literatura

Huracán Corazón Del Cielo

RevarteColectiva · January 9, 2023 ·

por Leticia Roa Nixon

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Leticia Roa Nixon
Leticia Roa Nixon

Para mis padres.

En la selva maya vivía Chipí, El Más Pequeño de los Rayos. Cada vez que había una tormenta, sus hermanos Lik y Muuk lanzaban luces brillantes que salían de sus dedos alargados.

–Por favor déjenme lanzar uno de mis rayos—suplicaba Chipí.

—-Aún eres muy joven—le respondían  mientras  se escuchaba el estampido de los truenos cuando las nubes descargaban la lluvia sobre la selva.

Triste y lloroso, Chipí se refugió en lo alto de las copas de los árboles tropicales.  Yaakunah, el Dios de la lluvia y de los vientos, se apiadó del Más Pequeño de los Rayos.

–Hijo mío, ve en busca de los Ah na Itzas, los Señores de los Cuatro Vientos. Toma este haz de rayos de oro y díles que yo te he enviado.

Chipí secó sus lágrimas, agradeció a Yaakunah por su regalo y subió  a lo alto de los cielos donde vivían  los Cuatro Ah na Itzas.

Al llegar al Palacio de los Señores de los Cuatro Vientos anunció su visita a los venerados ancianos. Los Ah na Itzas reconocieron de inmediato el haz de rayos de oro del dios Yaakunah.

–¿En qué podemos ayudarte, El Más Pequeño de los Rayos? preguntaron con mucho respeto.

— Venerables Ah na Itzas, mi deseo es ser el viento más fuerte de la selva y lanzar los rayos más brillantes durante las tormentas, respondió Chipí.

— Ya que vienes en nombre del Dios Yaakunah, concederemos tus deseos.

Desde ahora te llamarás Huracán que quiere decir “Corazón del Cielo.” Acércate a nosotros y te diremos en tu oído como ser el viento más fuerte.

Impaciente por poner en práctica las instrucciones de los Cuatro Ah na Itzas, Huracán probó de inmediato su nueva fuerza sobre el Mar Caribe formando un inmenso remolino. El viento aumentaba su velocidad a tal punto que pronto se sintió mareado. La humedad de las aguas del mar lo nutrieron de una fuerza incontenible.

Girando, girando, girando como trompo  sin control, el primer huracán se dirigió a la selva maya. Con sus poderosos vientos, intensas lluvias y tremenda velocidad, espantó a todos los que le vieron.

Huracán no podía ver ni escuchar nada hasta que poco a poco fue perdiendo su fuerza al adentrarse al Mar Caribe.

Sus hermanos Lik y Muuk lo encontraron débil y mareado sobre la playa. Fue entonces cuando  oyó los gritos y llantos desesperados de los habitantes de la selva, los graznidos tristes de las aves sin palmeras ni árboles donde reposar, y el clamor de los animales heridos.

 Huracán sintió que su corazón se partía en mil pedazos al saber que era él quién había causado tanto daño a su paso.

Presuroso fue a ver a los Cuatro Ah na Itzas al Palacio de los Cuatro Vientos.

El dios Yaakunah ya les había contado a los Señores del Viento  lo que había sucedido en la selva maya.  Por lo tanto, los Cuatro Ah na Itzas  sabían que Huracán llegaría pronto al Salón de las Brisas del Palacio.

Al verlo entrar y acercarse a ellos, los venerables Ancianos dijeron.

–Corazón del Cielo, poderoso Huracán, no podemos hacer que vuelvas a ser Chipí, El Más Pequeño de los Rayos. Lo hecho, hecho está.

–Oh no, venerables Ah na Itzas, prefiero dejar de existir para siempre—sollozaba inconsolable Corazón del Cielo.

–Déjanos pensar y consultar entre nosotros. Tal vez podamos ayudarte.

Los Cuatro Ah na Itzas se retiraron a un patio privado donde se sentaron formando una cruz que representaba los cuatro puntos cardinales.

El tiempo le pareció eterno a Huracán que veía desde el Palacio a los habitantes de la selva reconstruyendo sus chozas y a las aves haciendo sus nidos en los árboles que aún estaban de pie.

Por fin, los Cuatro  Ah na Itzas terminaron de consultar entre ellos y  entraron al Salón de la Brisas.

–Corazón del Cielo, lo que podemos hacer es darte cuatro dones—anunciaron solemnemente los Ah na Itzas.

Escucha con atención, pues estos serán de ahora en adelante tus cuatro dones.

–El mío—dijo Ah Kabul—es que los truenos anunciarán a todos de tu llegada para que así los habitantes puedan  buscar refugio.

–Por mi parte, alertaré a los animales de tu proximidad para que se vayan a las tierras altas donde estarán a salvo de tus poderosos vientos—dijo Ah Tupp.

— Me aseguraré que tu fuerza disminuya siempre y cuando te mantengas sobre el mar—dijo Ah Hobnil.

Ah Balam, el cuarto Bacab, tocó con su mano el ojo izquierdo de Huracán. 

–Corazón del Cielo,  mi don es que con este ojo podrás ver tu camino desde el centro del remolino. 

Desde entonces cuando el ojo del huracán pasa por encima de un lugar, cesa el viento y durante unos momentos puede  verse un pequeño círculo de cielo azul. Es el ojo de Huracán,  Corazón del Cielo.

La palabra “huracán” tiene su origen con el nombre que los indios mayas y caribes daban al dios de las tormentas. En India se le llama ciclón, en las Filipinas se le conoce como “baguio”, en el oeste del Pacífico norte se le llama “tifón”, y en Australia “Willy-Willy”. “

Un huracán es un viento muy fuerte que se origina en el mar, que gira en forma de remolino acarreando humedad en grandes cantidades. Al tocar tierra en lugares habitados, generalmente causa daños desastrosos. Así, el huracán constituye uno de los fenómenos atmosféricos más destructivos.


HURACÁN, HEART OF THE SKY by Leticia Roa Nixon

English translation by Cynthia Kreilick

For my father.

Chipí, Smallest of the Thunder Bolts, lived in the Mayan forest.  Each time a storm erupted, his brothers, Lik and Muuk, hurled brilliant lights from their long fingers.

“Please let me throw one of my thunder bolts,” begged Chipí.

“You are still very young,” they replied, and the beating of the thunder was heard as the clouds discharged the rain over the forest.

Sad and tearful, Chipí hid himself in the canopy of the tropical forest.  Yaakunah, the God of the Rain and the Wind, took pity on Smallest of the Thunder Bolts.

“My child, go in search of the Ah na Itzas, the Lords of the Four Winds.  Take this bundle of golden lightening bolts and tell them that I sent you.”

Chipí dried his tears, thanked Yaakunah for his gift, and climbed to the top of the sky where the Four Ah na Itzas lived.

When he arrived at the Palace of the Lords of the Four Winds, he announced his visit to the venerable elders.  The Ah na Itzas immediately recognized the bundle of golden lightening bolts from the god Yaakunah.

“How can we help you, Smallest of the Lightening Bolts?” they asked with great respect.

“Venerable Ah na Itzas,” replied Chipí, “my wish is to be the most powerful wind in the forest and to hurl the most brilliant lightening bolts during storms.”

“Because you come in the name of the god Yaakunah, we will grant your wish,” they said.

“From now on, you will be called Huracán, which means ‘Heart of the Sky.’  Come forward and we will whisper in your ear how to be the most powerful wind of all.”

Impatient to put the instructions from the Four Ah na Itzas into practice, Huracán lost no time in trying out his new power by forming an immense whirlwind over the Caribbean Sea.  He increased its velocity to such a point that he very quickly felt dizzy.  The dampness of the sea waters fed the wind so that it became an uncontainable force.

Whirling and whirling and whirling, like a spinning top out of control, the first hurricane crashed into the Mayan forest.  With its powerful winds, intense rain and tremendous speed, it frightened everyone who saw it.

Huracán could not see or hear anything until, little by little, the storm began to diminish over the Caribbean Sea.

His brothers, Lik and Muuk, found him lying weak and dizzy on the beach.  It was then that he heard the desperate screams and cries of the people of the forest, the sad caws of the birds with no trees in which to land, and the clamor of the wounded animals.

Huracán felt that his heart would break into a million pieces when he realized that it was he who had wreaked a path of such havoc.  In great haste, he went to see the Four Ah na Itzas at the Palace of the Four Winds . The Ah na Itzas were Bacabobs, the four deities assigned to the four cardinal points.

The god Yaakunah had already told the Lords of the Four Winds what had happened in the Mayan forest.  The Four Ah na Itzas knew that Huracán  would soon be arriving at the Room of the Palace Breezes. This room was used to air serious matters with the Bacabob.

When they saw him enter and approach, the venerable elders said, “Heart of the Sky, powerful Huracán, we cannot turn you back into Chipí, Smallest of the Thunder Bolts.  What’s done is done.”

“Oh, no, venerable Ah na Itzas!” cried Heart of the Sky inconsolably.   “I’d sooner die!”

“Allow us to think and confer among ourselves,” they replied.  “Perhaps we can help you.”

The Four Ah na Itzas withdrew to a private patio where they seated themselves in the shape of a cross representing the four points of the compass.

An eternal amount of time passed while Huracán sat and watched from above as the inhabitants of the forest reconstructed their huts and the birds made nests in trees that still lay upon the ground.

Finally, the Four Ah na Itzas finished their consultation and re-entered the Room of the Four Breezes.

“Heart of the Sky,” they announced solemnly, “we will give you four gifts.  Listen carefully, as these will be, from today forward, your own four gifts.”

“My gift,” said Ah Kabul, “is that the thunder will warn people of your arrival so that they can take refuge.”

“For my part,” said Ah Tupp, “I will alert the animals of your nearness so that they can escape your powerful winds by moving to higher ground.”

“I will make sure that your strength diminishes once it reaches the sea,” said Ah Hobnil.

Then, Ah Balam, the fourth Bacab , touched Huracán’s left eye with his hand.  “Heart of the Sky, my gift is that, with this eye, you will be able to see your path to the center of the whirlwind.”

Ever since that time, when the eye of the hurricane passes, the wind ceases, and for a few moments, you can see a small circle of blue sky.  This is the eye of the hurricane, Heart of the Sky.

The word “hurricane” originates from the name that the Mayan and Carib Indians gave to the god of storms. In India it is called a cyclone, in the Philippines it is known as “baguio”, in the western North Pacific it is called a “typhoon”, and in Australia “Willy-Willy”.

A hurricane is a very strong wind that originates from the sea, which rotates in the form of a whirlpool, carrying moisture in large quantities. By making landfall in inhabited places, it usually causes disastrous damage. Thus, the hurricane constitutes one of the most destructive atmospheric phenomena.

    Leticia Roa Nixon

    Leticia Nixon, nacida en la Ciudad de México, cursó la carrera de comunicación en la Universidad Iberoamericana. Desde 1992 se dedica al periodismo comunitario de Filadelfia. Es autora de seis libros y video productora de PhillyCAM. Escribe para philatinos.com y reside en Swarthmore, Pa.

    Leticia Nixon, born in Mexico City, studied communications at the Universidad Iberoamericana. Since 1992 she has been dedicated to community journalism in Philadelphia. She is the author of six books and video producer for PhillyCAM. She writes for philatinos.com and lives in Swarthmore, Pa.

    Selected Works by Leticia Nixon:
    Cuando los Tejidos Hablan (When Fabrics Speak)
    Berenice, La Danzante Azteca (Berenice, The Aztec Dancer)
    El Lienzo de Tlapalli (The Tlapalli Canvas)

      HAY VIDAS DETRÁS DE LAS VIDAS
      por Lourdes Flores

      RevarteColectiva · October 8, 2022 ·

      Hay vida detrás de cada mujer, cada mujer tiene CORAZON, ALMA, ESPIRITU. 

      Ella tiene más que eso tiene sentimientos, es sensible, noble apasionada, cariñosa, ríe, canta, llora, festeja y mucho más.

      Ella tiene sueños de los cuales los cumple con el paso del tiempo conforme va adquiriendo madurez, así va por la vida, y llega el momento donde la cuestionan, es ahí donde se quiebra, sea por lo que sea, habrá algo en el transcurso del camino donde ella se sentirá sola desprotegida y llorará con el alma. Su alma es su única amiga por el momento, ella no quiere contárselo a nadie por temor a ser juzgada por los motivos que sean. Ella prefiere sufrir a solas en su cama o en el baño llorar a mares sintiendo como cada parte de su cuerpo se va cayendo y se va por una coladera DONDE NADIE SABRA DE QUIEN ES …

      Cada mujer en el mundo es maltratada por la sociedad. por un familiar. por sus hijos o de alguien que ella jamás pensó que la lastimaría: EL AMOR DE SU VIDA; sea un novio o novia, esposa o esposo .

      Una mujer es maltratada por un desconocido es acosada en la calle en el autobús en el tren en todas partes y cómo es mujer, piensan que es normal, pero no, ya es hora de levantarnos y unirnos a no sufrir más ningún tipo de sufrimiento o de acoso. 

      Luchemos contra nuestros propios demonios, saquemos la guerrera que tenemos dentro.

      Todas estamos para ayudarnos, sonriamos a cada mujer que veamos por la calle, no sabemos que trae en su corazón, tal vez acaba de ser maltratada, seamos humanas sonríe aunque traigas el alma rota porque aun así brillaras y le dará luz a la que tienes a tu lado. Como mujer te diré esto:

      (Sufro en silencio y no sabes cómo duele) sé que hay muchas en este mundo que necesitan contar lo que les pasa ya sea una violacion sexual, verbal, golpes o simplemente están atascadas en una depresión .

      No estamos solas, estamos juntas, se que no me juzgaras porque eres mujer como yo.

      Debemos ser hermanas somos una sola somos de la misma tierra de nuestra madre pachamama ayudemos a nuestras hijas, a la vecina, a toda mujer que se nos acerque, pues con solo escucharla es mucho.

      Oremos por todas esas mujeres que ya no están que ellas nos guíen para poder  ser mujeres de bien oremos por todas las desaparecidas oremos por la igualdad oremos para que cada mujer tenga paz en su alma y en su vida.

      Oremos para que este mundo se llene de todo el amor del amor de todas las mujeres porque nosotras desprendemos amor damos vida procreamos en nuestro vientre y es la magia divina del cual es “Nuestro Espíritu.”

      Oremos porque el universo nos llene de luz propia y así brillemos todas con diferentes colores y la vida sea alegre y con el eco de nuestras sonrisas el mundo voltee  a ver a esas mujeres que dicen aquí estamos y me respetas.


      THERE ARE LIVES BEHIND LIVES
      by Lourdes Flores

      There is life behind every woman, every woman has a HEART, SOUL, SPIRIT.

      She has more than that, she has feelings, she is sensitive, noble, passionate, affectionate, laughs, sings, cries, celebrates, and much more.

      She has dreams that she fulfills over time as she matures, that’s how she goes through life, and the time comes when they question her, that’s where she breaks, whatever it is, there will be something in the course of the path where she will feel alone, unprotected, and will cry with her soul. Her soul is her only friend at the moment, she doesn’t want to tell anyone for fear of being judged for whatever reason. She prefers to suffer alone in her bed or in the bathroom, crying profusely, feeling how every part of her body is falling down and going down a drain WHERE NOBODY WILL KNOW WHOSE IT IS…

      Every woman in the world is mistreated by society for a relative, by her children or someone she never thought would hurt her: THE LOVE OF HER LIFE; Be it a boyfriend or girlfriend, wife or husband.

      A woman is mistreated by a stranger, she is harassed on the street, on the bus, on the train, everywhere and since she is a woman, they think it is normal, but no, it is time to get up and unite to no longer suffer any kind of suffering or harassment.

      Let’s fight our own demons, let’s bring out the warrior we have inside.

      We are all here to help each other, let’s smile at every woman we see on the street, we don’t know what she has in her heart, maybe she has just been mistreated, let’s be human, smile even if you have a broken soul because you will still shine and give light to the one you have by your side. As a woman I will tell you this:

      (I suffer in silence and you don’t know how it hurts) I know that there are many in this world who need to say what is happening to them, whether it is a sexual or verbal violation, beatings or they are simply stuck in a depression.

      We are not alone, we are together, I know you will not judge me because you are a woman like me.

      We must be sisters we are one we are from the same land as our mother Pachamama, let us help our daughters, the neighbor, any woman who approaches us, because just listening to her is a lot.

      Let us pray for all those women who are no longer here that they guide us to be able to be good women, let us pray for all the disappeared, let us pray for equality, let us pray for each woman to have peace in her soul and in her life.

      Let us pray so that this world is filled with all the love of the love of all women because we give off love, we give life, we procreate in our womb and it is the divine magic of which is “Our Spirit.”

      Let us pray that the universe fills us with its own light and so we all shine with different colors and life is joyful and with the echo of our smiles the world turns to see those women who say here we are and you respect me.

      Lourdes Flores

      Mi nombre es María de Lourdes López Flores.
      Soy  mexicana del estado de Guerrero 
      Soy madre de tres hermosos tesoros pero sobre todo soy mujer, artivista, participo en el círculo de investigaciones particpativas y me apasiona escribir.
      Soy inmigrantre desde hace veine años en los Estados Unidos. 
      Mis intereses son la educación por un mundo mejor. 
      Luchamos por la igualdad y pertenezco al Centro de Cultura, Arte, Trabajo y Educación (CCATE)

        MI AMIGA Y LA MEDUSA

        RevarteColectiva · October 8, 2022 ·

        por Rosalba Esquivel Cote

        Hoy, voy a presumir a mis amigas.

        Ellas no son amigas cualesquiera, no. Mis amigas son rudas y al mismo tiempo son sumamente delicadas, son fuertes, son sensibles, son valientes, y también chillonas.

        El carácter de mis amigas se ha forjado en la adversidad pero sin hacer a un lado su humildad. Conocerlas ha sido una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, hicieron que yo me descubriera y me reconociera. Por eso las quiero. Solas son únicas, pero en colectiva son invencibles, imparables.

        En cada ocasión siempre trato de aprender algo de ellas, y en nuestro último paseo juntas, pasó algo doloroso que me hizo admirar más a una de ellas.

        Era sábado y nos dispusimos a pasar un rato agradable frente al mar en una de las playas de New Jersey, en un lugar natural, con vida salvaje, sin peaje, sin salvavidas… y sin ICE.

        Algunas de nosotras pintábamos con acuarelas el paisaje de alrededor, y otras disfrutaban del agua del mar, no tan fría y con buen oleaje. De pronto, la hija de mi amiga, una niña de 6 años salió corriendo y llorando del agua mientras su mamá la perseguía. “¡¿Qué pasó?!, exclamamos.

        Mi amiga nos dijo asustada: “Estábamos en el agua cuando mi hija sintió algo en su brazo, al levantarlo miré con horror un cordón de gelatina transparente, ‘se trataba del tentáculo de una medusa’. A pesar de que sentí miedo, le manoteé el brazo para quitarlo, y al soltarse el tentáculo se enredó en mi mano, y con la otra me lo sacudí. Finalmente me liberó y salimos corriendo de ahí”.

        La niña traía una mancha roja en el brazo que le ardía mucho. Sus lágrimas no la dejaban ver bien su herida, y su llanto era inconsolable. En verdad sentía mucho dolor. Su madre limpió la herida con agua embotellada y le colocó un poco de hielo en una toalla; se sentó en una silla de playa, se acomodó a la pequeña entre sus piernas para abrazarla mejor, y recostó su cabecita en su regazo, le dijo palabras dulces y reconfortantes. Le acarició su largo cabello negro e intentó limpiarle las lágrimas. Mi amiga estaba muy angustiada, y desafortunadamente no teníamos ningún medicamento para calmar el dolor. Estábamos muy lejos de buscar algo.

        El tiempo pasaba y la niña seguía llorando, así que mi amiga la miró fijamente y le habló fuerte, contundente, pero con mucho amor “¡Ya, trata de tranquilizarte, todo va a estar bien, sé valiente, porque si las mujeres no somos fuertes este mundo se cae!”. ¡Wow, qué expresión tan poderosa! ¡Cuánta razón tenían sus palabras!

        En ese instante me acordé de mi abuela y de mi madre. ¿Cuántas veces hemos hecho algo realmente valiente y nadie se ha dado cuenta? ¿Cuántas veces mi abuela consiguió comida para sus 10 hijos sin un quinto? ¿Cuántas veces mi mamá, pese a trabajar todo el día, se daba tiempo para los quehaceres de la casa y para atendernos a nosotros? ¿Cuántas personas y situaciones se han “salvado” gracias a esos actos heroicos e invisibles?

        Ese momento me hizo pensar en aquellos actos épicos que las mujeres dan todos los días, y pasan desapercibidos pero que generan un gran impacto. Mi abuela y mi madre sacrificaron su juventud y su fuerza para sacar adelante a su prole, pocos se dieron cuenta, y casi nadie las reconoció. Para esos actos no hay un premio Nobel, un premio Oscar, o un premio Pulitzer, solo la satisfacción de haberlos hecho.

        Cuando la niña se tranquilizó y se quedó ahí sentada en la silla de playa bajo el cobijo de las sombrillas, mi amiga por fin pudo descansar en otra silla, con ambos brazos extendidos sobre los descansabrazos para que le pudieran colgar las manos. Y me di cuenta de que, sus manos estaban rojas y una de ellas un tanto inflamada. Pregunte y me dijo, “Sí, la medusa también me lastimó, mis manos me arden, siento mucho dolor, pero no puedo quejarme porque no quiero asustar a mi hija”. Seguramente mi amiga estaba peor de herida y asustada que la niña, con ganas de llorar, pero no importó, tuvo que aguantar y atender a la pequeña, porque las madres nunca estamos primero.

        Mi amiga también merecía ser consolada, apapachada, recibir palabras tiernas y amables. Y sólo pensé ¡cierto!, si las mujeres no fuéramos valientes no habría quien sostuviera a los demás, al hijo, al esposo, al amigo, a toda una familia, incluso a una nación entera, pensé en las madres y en las esposas de los líderes mundiales.

        Sin duda, sin una mujer en este mundo no habría un apapacho dispuesto a consolar, no habría bondad. Simplemente no habría humanidad.

        Esas son mis amigas.

        Rosalba Esquivel Cote

        Rosalba es mujer, mexicana, microbióloga, maestra, aprendiz, y artivista. “¡Deja que tus gritos se lean!”

          LA MONEDA (I-III)

          RevarteColectiva · September 25, 2022 ·

          por Obed Arango Hisijara

          I

          Cuando Ana se fue se llevó consigo mi espíritu en un suspiro, en el sonido de un caracol, símbolo de los antiguos mexicanos y me dejó la moneda. 
           
          La moneda es tan pequeña que cabe en la punta de mi dedo, pero en ella cabe toda una vida, un siglo, una historia, un continente, una revolución, un amor. Hoy hay un dolor que recorre por partes mi cuerpo, tensa mi cuello, mi estómago sufre calambres, y mis piernas fuertes, por el ejercicio intenso que hago, se doblan con facilidad, las últimas siete noches han sido de agonía; como llamas que consumen mi alma me despierto con sobresaltos cuando concibo el sueño, el rostro se humedece y las lágrimas salen como un río sin regreso, busco un consuelo sin solución, una palabra de esperanza, no la hay. Lo único que puedo hacer es pensar en ella. Vuelvo a pensar en ella. En mi, solo hay agonía. Afuera está blanco, hace frío, adentro de mi también. Son las tres de la madrugada, es la hora más oscura de la noche, bajo a mi estudio como si bajara los niveles del purgatorio de Alighieri, me sirvo un vino tinto, pongo jazz, y abro la pequeña caja donde la moneda del segundo imperio mexicano de Maximiliano de Habsburgo se encuentra. Paso las horas en silencio, veo los libros de poesía que me dedicó, y las palabras fugaces de su voz las escucho en mi memoria, es la voz de ella, la voz de la poeta que suavemente cada noche me leería un nuevo verso. 

          Ana es de baja estatura, delgada y ligera como una pluma, su cuerpo de mujer es marcado por la sensualidad de sus movimientos, cuando camina se desliza, flota, cuando gira voltea con una “s”, sabe medir sus actitudes y miradas, es elegante, elige bien su vestimenta de cada día, se combina, y no es que le guste vestir marcas, sino que tiene clase, su rostro es blanco, con una nariz respingada, pequeña, sus labios son rojos como sus mejillas y su cabello rubio lo mantiene con un corte francés como ella le llama, sus ojos verdes son llamativos, no hay quien no se detenga a verla nuevamente, Ana parte plaza.

          Ahí está ella frente a mi, desnuda, puedo ver sus senos y su sexo tupido y rubio entre la manta transparente que le cubre, su sensualidad llega profundo a mi ser como nadie ha llegado. Con el libro de poesía en una mano, con la otra sin decir nada señala con su dedo índice, desea que ponga un disco de jazz, “The Believer” de John Coltrane el favorito de los dos, lo hemos escuchado mientras hacemos el amor, me observa con una mirada traviesa y una sonrisa pícara, me sigue con su dedo, suelta una risa, ella se ha sonrojado. Yo la volteo a ver, le sonrío de regreso, con su dedo índice me indica que me siente, ella dice que tiene magia, que basta un solo movimiento de ella para que yo obedezca, soy su súbdito esta noche. Ella regresa su mirada al libro y con el dedo en sus labios indica silencio. Abro mis sentidos para recibir la vibración que despide su declamación bien acentuada, su cuerpo también transmite poesía, sus curvas motivan mis sentidos, sus senos se endurecen como dos montes de Andalucía, y su sexo son pétalos que se abren, que gotean una sabia blanca que despide su aroma de mujer. Ella sonreiría y sus ojos de luciérnagas verdes se clavarían en mí. Ella atenta a mis reacciones se acerca, deja el libro caer y se monta en mí, mi sexo ha crecido, sus pétalos abrazan con calor la dureza del mismo, nuestros cuerpos se sienten vibrar, nos estremecemos, ella me cabalga con fuerza y con ritmo, sus senos y sus pezones los beso, jugueteo con ellos entre mis labios, nos perdemos uno en el otro, la tomo entre mis brazos, y la recibo en mi pecho, la escarcha de ella recorre mis muslos, levanta su cabeza y toma con sus dos manos mi rostro y me dice: “Mírame, mírame bien, eres el amor de mi vida, nunca habrá otro amor como tú, no importa con quién este, o dónde este, siempre serás tú”. Nos besamos, el disco avanza. Termina. 

          Abro mis ojos. Hoy a esta hora, se cumple una semana de la última vez que la escuché, intento no olvidar su voz, las pausas que hacía, y el respirar de su aliento, ha pasado una semana sin ella, ¿cómo vivir una eternidad sin ella?, ¿cómo vivir una vida terrenal que se forma de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años y décadas, sin ella? 

          Ella recorre con su mano mi cuello al amanecer, me besa y siento una lágrima en mi espalda, ¿Por qué llora?, me pregunto entre mis sueños. Se acerca a mí en la oscuridad del cuarto, mira mi rostro veo su silueta, se ha vestido. Se acerca y me pregunta si estoy dormido. Le contesto entre sueños que sueño con ella, ella responde, “sigue soñando, no dejes de soñar conmigo”. Toma mi mano, y me dice: “esto que tengo aquí es para ti, tú y nadie más merece tenerla, un día entenderás por qué te la di, a ti y solo a ti”. Siento una cajita metálica, ella dirige mi mano al buró y bajo la lámpara suelto la caja. Me da un beso nuevamente en mis labios y me dice: “no dejes de soñar conmigo, mi príncipe revolucionario”. Yo continúo soñando con ella. 

          Vuelvo en sí y en medio del caos de mi taller de arte, rodeada de tinteros, escuadras, reglas y libros, la moneda habita, cerca de mis plumas de dibujo y lapiceros donde visualizo proyectos de arte, de diseño y de fotografía, donde imagino historias y donde recorro las imágenes de la patria grande, ahí está ella, la moneda del segundo imperio mexicano que Ana me dejó. Quiero entender lo que entre sueños me dijo, debo conocer su historia, la historia de ella. Parece el único consuelo, la única razón de existir, ¿descubrir la historia de ambas me acercará a ella?

          II

          La mano derecha del hombre sostiene la moneda en la punta de su dedo índice, con la otra mano sostiene el lente que le permite observar con detenimiento la pequeña pieza de oro que lleva su nombre. El hombre pone la moneda con cuidado en la caja de rapé, queda en silencio por unos minutos y camina pensativo. Le da vuelta a la moneda con cuidado y la observa nuevamente. En el cuarto nadie se atreve a decir palabra alguna, todos están en silencio. De pronto su barbilla se eleva, con ojos altivos mira a los mortales que le rodean, fija su mirada en cada uno, excepto en esa diosa de él, con ella no puede sostener la mirada, ella es su esposa, la que dejó Austria para venir al Die neue welt, — el nuevo mundo–. Mira la techumbre del palacio, levanta los brazos y exclama: “¡Emperador Maximiliano!”. Se rompe el silencio. Todos aplauden. 

          Su rostro marcado finamente en las monedas de un peso de su imperio, él es emperador, ha entrado a la historia, su figura vivirá eternamente, él es ya inmortal. Su moneda remplazaría el de la corona anterior, e impulsaría la vida comercial, nacional e internacional de México, ese país “bárbaro” mostrará un rostro digno al mundo. La pieza es una obra de arte de la numismática, — piensa él a sus adentro. Y la historia así lo confirmará. Junto a él están Sebastián Navalón, Cayetano Ocampo y Antonio Spíritu, los creadores de tan bella pieza. El emperador Maximiliano toma la caja de Rapé e intenta dárselas, ellos responden. “No, su alteza, esta muestra original es de usted, es la primera que se ha acuñado, debe estar con usted aquí, en su palacio”. El mira con beneplácito, y se da cuenta que los españoles hicieron un trabajo honorable al educar a este pueblo. Pero el imperio de él pasará a la historia, será un gran monarca del continente americano, todos verán su rostro tallado en oro, desde la tierra del fuego hasta los Estados Unidos. Tarde o temprano el país del norte deberá voltear la espalda a Juárez, piensa el emperador. 

          Las noticias que le llegan del norte es que Juárez se ha instalado en la frontera, en Chihuahua ha establecido su gobierno, ha tenido que irse lo más lejos de la capital mexicana para retomar fuerzas, ordenar su ejército y restablecer el sistema republicano y democrático. Juárez es un creyente ferviente del modelo liberal de los Estados Unidos, admira su economía, su religión y los principios que les rigen de los legendarios padres fundadores. Juárez sabe que al final las ideas de su amigo Abraham Lincoln son las que darán cauce a la unidad de la nación del norte de la que él vislumbra como el nuevo orden mundial. Juárez desea que México sea una versión de la democracia anglosajona, para esto hay que limitar a la iglesia católica que mantiene al pueblo atrasado, capturados en la ignorancia religiosa, en las plegarias infructuosas, bajo el puño de los curas. Qué distinto es el protestantismo cuya filosofía del trabajo los ha avanzado, no veneran las imágenes, sino la escritura y su análisis, esa es la diferencia, piensa Juárez. Mientras una religión orilla a sus habitantes a la superstición la otra lo orienta a la reflexión, al cuidado de sus hábitos y trabajar para el mañana. 

          Los años en el exilio le permiten a Juárez observar cómo trabaja Tejas, cómo trabajan sus campos, como comercian, y a pesar de ser ya un territorio perdido, admira lo que ese gigante ha hecho.

          Juárez observa con sumo cuidado el rostro tallado en ese peso de oro, ve a quien usurpó el poder con el apoyo del imperio Frances. Juárez está parado frente a la mesa y en esta se despliega un mapa continental, y con un chorro de tinta traza una frontera, sabe que Maximiliano en el poder orillará a todo el continente hispano parlante a seguir el ejemplo de México, si Maximiliano triunfa las luchas de independencia habrán sido en vano. Da un manotazo a la mesa y la pequeña moneda salta, cae y se pierde en el piso, se confunde como una mancha, es tan pequeña que desaparece, así Juárez piensa, desaparecerá este imperio, no es Maximiliano el que quedará en la historia de México y del continente, sino él, que se mueve como el viento, Juárez es amigo del viento. 

          — ¿Qué significa todo esto? — Pienso a mis adentros. Esta moneda en la ostentosa caja de rape, que contrasta entre la simplicidad de mis portaminas y del minimalismo de mi estudio. ¿Cómo pasó del Castillo de Chapultepec a mi taller en Philadelphia?

          Recuerdo que Ana, sostenía en sus manos libros de plegarias y oraciones como si fuera balanza de la justicia, profesaba un amor profundo por la religión católica que le fue heredada de sus antepasados y de sus progenitores, y a la vez reconocía el daño que le causaba, pues esta misma la sofocaba y aprisionaba, mil veces  intentaba liberarse de ella, pero volvía al rezo antiguo de sus padres. 

          — Tú no me entiendes Ernesto porque tú creciste protestante, con esa mentalidad analítica y pragmática, mientras para nosotros la culpa nos guía al arrepentimiento profundo en nuestros lloros, rezos y plegarias, en nuestras mandas y exvotos, ustedes con una simple oración han ganado la eternidad, esa Ernesto es una religión sin sabor–. La escucharía con atención pues se expresaba con pasión y sensualidad cuando de religión se hablaba, la religión excitaba sus pechos, se marcaban sus pezones en la tela de su blusa. Siempre terminaríamos engarzados haciendo el amor, — Ernesto, esto también es religión, esto es sagrado, somos uno, no me dejes Ernesto, no me abandones, y si te mueres Ernesto qué va a ser de mi, no te mueras, no te mueras.– me repetía mientras llegábamos al orgasmo.  ¿Cómo es que la religión que negaba su sexo, la excitaba? ¿No era acaso el mismo dilema de Juárez? ¿Qué sería México sin su folklore? ¿No es acaso la religión, el ritualismo y la superstición los que crean el folklore mexicano? ¿Por qué Juárez quisiera borrarlo y terminar con toda esa sensualidad cultural, que a la vez es culposa y negada? La religión católica se había convertido en prisión y motivo de existencia de México y de Ana, ¿Cómo pueden engarzarse, y hacer el amor los sueños de libertad y progreso con el pensamiento ritual, metafísico y lleno de culpa religiosa? — Me pregunto. 

          III

          El muchacho que limpiaba la pieza del presidente vio la moneda en el piso, tuvo que poner saliva en el dedo para recogerla y se la llevo a la bolsa. 

          Juárez prevaleció en la historia, su imagen ha estado en monedas de 20 centavos, 20 pesos y 200 pesos. Sin embargo, el primer peso mexicano fue el de Maximiliano, pero su imagen no fue la que pasó a la posteridad. Su paso por México, sin embargo, dejó abierta la herida que no cierra, y que es un eterno dilema entre ser libres de pensamiento o esclavos de las conquistas del pasado. Así como los antiguos Tlatoanis cubrirían las pirámides de sus antecesores para re-escribir la historia. El triunfo de Juárez y su regreso a la presidencia, marcaría el inicio para re-escribir la historia de México. A la muerte de Juárez en 1872, el sucesor Sebastian Lerdo de Tejada y después el héroe y dictador Porfirio Díaz, cambiarían el nombre de “El paseo de la emperatriz” obra que el emperador Maximiliano hizo a su real majestad Carlota de México, para conectar el castillo de Chapultepec con el centro de la ciudad, a “El paseo de la reforma”. Así, y como si la invasión francesa no se hubiera ido, los reformadores hicieron su propio paseo al estilo de los Champs-Élysées,influenciados por la traza parisina, el paseo debía ser motivo para recordar al pueblo de México los nuevos ideales, y los nuevos héroes, la de la segunda transformación, la segunda independencia. 

          Si con Juárez el protestantismo llegó a México, con Díaz la idea de progreso, la industria, las ciencias, la arquitectura y las grandes obras tomarían auge, y con este también un sistema de explotación social y de creciente pobreza reflejada en el sistema de hacienda. Seducido por la idea de ser emperador, Díaz decidió ser dictador, un dictador presidente, ¿no es así como se resuelve la controversial historia del México moderno? México debe ser republicano, debe evitar a toda costa ser una monarquía, pero no tiene lugar para la democracia. Así, México debe tener expresiones protestantes, progresistas junto con palacios estilo Versalles y hemiciclos europeos, pero el catolicismo debe prevalecer. Díaz seducido por el invasor imperial añade a su paso el toque francés como para guardar la memoria del segundo imperio. Si Andrés Manuel López Obrador supiera, que su afición por Juárez le lleva a un paso, tan solo a un paso para ser Díaz, quizá se regresaría a “la chingada”, o iría a catedral más seguido para ver al Cristo del Veneno y ser un poco más católico, quizá se asomaría más seguido desde las ventanas de palacio nacional, para ver el templo mayor y las siete etapas de la construcción, y se preguntaría si en realidad está cubriendo la historia con una cuarta transformación, o tan solo remoza el paseo de los dictadores de México. Vaya dilema el que se le presenta al buen Andrés. 

          –Yo soy de izquierda Ernesto, pero tu eres de una izquierda radical, ¿en verdad tomarías las armas Ernesto para liberar a México?–. En silencio la escucharía mientras cavilaba en sus palabras. — Si fuera necesario y el único camino, sí, sí lo haría–. Le contestaría. Ella se quedaría pensativa. — Ernesto, es que tu no has vivido una revolución, yo sí la he vivido, yo sí he visto las balas de cerca, yo sí he escuchado los gritos de las mujeres llorar por sus hijos, he visto el odio marcado en las paredes, las frases de “muerte al dictador”, y me enteré de ejecuciones en mi infancia–. El tema la alteraba. Nos quedábamos en silencio. — Ernesto, ¿me dejarías para ir a hacer tu revolución a México? Estamos al final de nuestros doctorados, tú puedes hacer más bien desde aquí que estando allá. Me espanta la idea de que si regresas eso nos separe y también signifique tu muerte ¿Por qué deseas ser José Martí? ¿Por qué no puedes ser Alberto Rembao? Ya ves, Martí fue asesinado rápidamente a su llegada a Cuba, él no era hombre de balas, sin embargo desde acá su pluma despertó a todo un país, a todo un continente–. Las palabras de ella calaban dentro de mí, no quería reconocerlo, pero ella tenía razón, yo nunca he tomado una arma, siempre he participado en la lucha pacífica, pero el hartazgo social me hace pensar si es tiempo de sublevarse al sistema e ir más allá de retóricas. Lejos de la patria me siento como un cobarde que solo usa la pluma, quizá debí quedarme en Chiapas cuando pude, cuando recorrí pueblo por pueblo, cuando serví de enlace entre los comandantes y el frente zapatistas en la ciudad. En aquellos días el gobierno de Zedillo nos tenía bien ubicados a la juventud revolucionaria, no fueron pocas las veces que noté que me seguían hombres de casquete corto, todos sabíamos que eran soldados encubiertos. En aquellos días me apuraba a caminar al metro universidad para perderme entre el gentío mientras llevaba conmigo  los mensajes que la Dra. Julieta Marroquín me daba en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, tomaba varias líneas del metro para perder a quienes me seguían y salía lejos de la estación la Tapo para despistar. Algunas veces caminé hasta 15 kilómetros para tomar en la madrugada el primer autobús a Oaxaca, y de Oaxaca a la Venta en Tabasco y de ahí, internarme a Chiapas, no era debido hacer el viaje directo a San Cristóbal o a Tuxtla Gutiérrrez. La juventud de aquellos años sabíamos del riesgo que corríamos, pero no íbamos a dejar a los compañeros y a las compañeras zapatistas solos ante la presión de los paramilitares y del mismo ejército. Sí, he visto la revolución, pero no como Ana la vivió. Mientras ella descansa en mi pecho dormida se lo dejo saber entre sueños. 

          Cuando los franceses partieron, la fuerzas de Juárez comenzaron a tomar control del país, la resistencia conservadora pronto cedería. Así, la emperatriz Carlota de México partió a Europa a pedir el apoyo del Papa, no podía dejar que su esposo fuera capturado, el Papa y los demás reyes no la escucharon, la dejaron a su suerte ¿Quién se iba a interesar en un reino perdido?, una guerra con México no solo sería infructuosa, sino un mal negocio. Una tarde le llagaron las noticias de que su esposo fue capturado y ejecutado en el cerro de las tres campanas.  El pecado de Maximiliano fue gobernar un país a punta de espada extranjera. Carlota que había sido una diosa terminaría recluida en la torre del castillo de Miramar que Maximiliano construyó. La emperatriz moriría como una mujer anciana en el delirio, así pasó 70 años de su vida, el poder y la ignominia son fórmula para la locura. Carlota salió con pocas pertenencias del Castillo de Chapultepec, en su última mirada vio la moneda en su caja de rape, decidió dejarla en la alcoba bajo la lampara del buró. Ella temía que si la llevaba consigo significaría la muerte de su esposo, llevarla sería pensar que todo estaba perdido. La dejó. 

          El 15 de julio de 1867 Juárez entró a la capital y pronunció un mensaje que quedaría para la posteridad, que le valdría el nombramiento eterno de ser el benemérito de las Américas, su valentía y travesía sería un ejemplo para las naciones del continente, no fue la moneda de Maximiliano la que prevaleció, sino el mensaje claro para las fuerzas invasoras europeas, él declararía: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, era una manera elegante de marcar un límite a los poderes extranjeros, por segunda vez México ganaba su independencia y esta vez derrotaba a los conservadores, la república triunfaba, pero no así en el ethos de la población, quienes constantemente clamaban por un tlatoani, una emperatriz, un castillo,  un mesías, un cristo, una virgen, un rey, un emperador, un dictador.

          Ni Ana, ni yo, eramos distintos al resto. Al menos eso pensamos.

          Obed Arango Hisijara

          Obed es mexicano, ciudadano de la América Latina, artista visual y antropólogo. Director de CCATE y profesor de University of Pennsylvania.

            LENGUA MATERNA por Emma Hertz

            RevarteColectiva · September 25, 2022 ·

            En las noches de los viernes, mañanas de martes, tardes de domingo,
            Nos amontonamos  
            Agarrando copas de vinos, tazas de café.
            Mujeres unidas por la alteridad de la maternidad
            En un país donde una madre es a la vez santa y pecadora.
            Mientras nuestros hijos se columpian en las barras de monos cercanas
            Tiran de nuestros suéteres pidiendo bocadillos y besos por los “boo boos”,
            Nosotras pillamos momentos de conexión, de consuelo,
            Nos robamos miradas y medias risas mientras compartimos consejos para entrenar el sueño,
            Comedores quisquillosos, qué protector solar es seguro para la piel delicada.
            Por las tazas segundas o copas terceras las manos se agarran a las rodillas,
            Consejos para el destete cediendo a compartir el miedo que nos araña nuestros corazones
            Al despedirse con un adiós en la parada del autobús,
            Inseguras si ese es el último día que besaremos a nuestros hijos.
            Recomendaciones por la ropa de bebes titubean mientras que compartimos la inquietud
            De la escasez de la fórmula infantil, de los estantes vacíos,
            La ansiedad de esconder nuestros bebes lactantes dentro de paños claustrofóbicos
            Con el fin de blindar nuestros senos de las miradas escandalizadas.
            En un país donde no hay licencia por maternidad pagada,
            No hay un salario digno garantizado
            No hay cuidado de niños asequible
            Donde las mujeres mueren en el parto
            Y donde en vente estados las mujeres estarán forzadas a llevar el embarazo
            En contra de su propia salud o deseo,
            Las madres se han convertido en soldados,
            En una guerra de guerrillas que se libra contra nuestra autonomía.
            La paternidad es un acto político,
            Pero nuestra maternidad nos despoja de nuestra capacidad a participar…
            De ser tomadas en serio,
            Para aparecer en protesta cuando estamos tan consumidas por la alimentación,
            La vestimenta,
            Soportando el peso de nuestras familias en nuestros hombros.
            La maternidad, la feminidad y la personalidad se han transformado en una resistencia
            A una agenda empeñada en apaciguarnos con la santidad
            Mientras demonizan nuestras demandas de libertad.
            Donde el único apoyo que poseemos contra la guerra en nuestra contra
            Es el tenernos la una a la otra. 

            MOTHER TONGUE por Emma Hertz

            On friday nights, tuesday mornings, sunday afternoons
            We huddle together
            Clutching glasses of wine, mugs of coffee. 
            Women connected by the otherness of mothering|
            In a country where a mother is both saint and sinner.
            While our children swing across monkey bars nearby
            pull our sweaters demanding snacks and kisses for boo boos
            We sneak moments of connection, of reassurance, 
            Steal glances and half-laughs over tips for sleep training,
            Picky eaters, which sunblock is safe to use for delicate skin.
            By second cups or third glasses our hands hold each other’s knees,
            Tips on weaning giving way to sharing the fear that claws at our hearts
            When saying goodbye at the bus stop,
            Unsure if this is the last day we kiss our children goodbye.
            Recommendations on baby clothes falter as we share the anxiety of
            Formula running out, of the shelves empty,
            Of hiding our nursing babes under claustrophobic cloths
            In order to shield our breasts from sidelong glances.
            In a country where there is no paid leave
            No guaranteed living wage
            No affordable childcare
            Where mothers are dying in childbirth
            Where in 20 states women will now be forced to carry pregnancies,
            Mothers have become soldiers
            In a guerilla war waged against our autonomy.
            Parenting is a political act,
            But our motherhood shreds us of our ability to participate-
            To be taken seriously,
            To show up in protest when we are so consumed by feeding,
            Clothing,
            Bearing the weight of our families on our shoulders.
            Motherhood and womanhood and personhood have together become resistance
            To an agenda that is hellbent on mollifying us with sainthood
            While demonizing our demands for freedom.
            Where the only support we have against the war against us
            Is each other.

            Emma Hertz

            Emma es escritora, viajera, madre, y donante trabajando en Montgomery County, PA.

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